jueves, 29 de marzo de 2018

MADRUGADA

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Y, sobre los respiraderos de la Esperanza de Triana, la miniatura de esta hermandad de la calle Pureza no puede ser otra que la Purísima, entre apóstoles, ángeles, serpientes marinas, conchas, dragones, anclas, salvavidas y un Neptuno niño sobre un ancla.
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Paso de Nuestra Señora de la Esperanza
Pero no hay ningún paso de palio que lleve más flores que el de la Esperanza de Triana, en el que llaman nuestra atención las diez jarras que ocupan totalmente ambos costeros, con el fanal más alto en cada entrevaral central, y los cuatro valientes y frondosos estallidos florales que sobresalen de las cuatro esquinas del paso. Con la Esperanza trianera vemos la exuberancia de la Naturaleza y del Paraíso, ni más ni menos.
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Buscando los ojos de la Virgen, hemos conseguido situarnos delante del paso de palio de la Esperanza de Triana. Y allí los hemos encontrado, inmensos y profundos, llenos de magnetismo, en la guapura y el garbo de la Señora trianera, en el tronío y el empaque de la Reina vic­toriosa sobre los monstruos marinos. Allí hemos compro­bado, felizmente, que Ella los ha vuelto a nosotros, misericordiosamente, mientras caen por sus mejillas cinco lágri­mas. Allí hemos hallado esos ojos que parecen reflejar la luz de la candelería, pero que en realidad son soles de primavera, fuentes de ríos de luz.
Porque lo trascendente es más verdad que lo que es simplemente real.
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Del libro de Antonio Hernández Lázaro El paso de palio: la búsqueda, Editorial Almuzara, Sevilla, 2018, pp. 56, 210-211 y 223-224, respectivamente.

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